Publicado en: El Periódico de Catalunya (12.03.2010) (versión pdf castellano) (versió pdf català )

En los últimos dÃas, se ha intensificado el debate sobre el aspecto fÃsico de Mariano Rajoy. En concreto, se ha hablado de su rostro, cuestionando si con su imagen actual le es posible competir electoralmente, con opciones ganadoras, en un entorno mediático y audiovisual extraordinariamente exigente. Algunos expertos y estilistas han sugerido que se afeite la barba, entre otras recomendaciones. El lÃder popular reaccionaba con una cierta resignación, diciendo que si “al final uno va a que le voten por la cara esto es imposible”, al mismo tiempo que aseguraba -reivindicándose- que los electores no eligen por el aspecto sino por las propuestas. Cerró el debate rotundamente con esta afirmación: “Mi cara tiene difÃcil arreglo y no me afeitaré”.
Habrá quien piense que la imagen (y los profesionales que la desarrollan) se han apoderado definitivamente de la polÃtica, sometiéndola a un dictado formal que trivializa las propuestas, hace artificial a los candidatos y reduce la confrontación ideológica a un concurso estético. Pero tras el recelo, la desconfianza y temor a la excesiva profesionalización (o banalización) de la comunicación polÃtica se esconde, también, un profundo desconocimiento de lo corporal y del papel que juega el rostro, en particular, en la eficacia comunicativa.Sólo con una carcajada se activan entre 300 y 400 músculos de los más de 600 que hay en todo el cuerpo. La capacidad de la cara para transmitir emociones es lo que le confiere el carácter decisivo en la comunicación, de la cual, más del 65% es no verbal. Nuestro cerebro es complejo pero hay algunos principios simples que no debemos ignorar. Las emociones de los demás, que intuimos en la abundante información que nos facilitan sus rostros, nos ofrecen tal caudal de conocimiento, consciente e inconsciente, que atribuimos valor y opinión a las ideas y, sobre todo, a las personas, a las que juzgamos, analizamos y clasificamos a “primera vista”.
Rajoy, por ejemplo, y según distintos especialistas en psicologÃa facial, tiene un rostro inexpresivo, neutro, que con frecuencia nos parece aburrido o triste. Ahà empiezan, seguramente, sus problemas para generar confianza o valoración positiva entre los electores. Quizá Rajoy no pueda cambiar la cara, pero a estas alturas ya debe saber que, casi siempre, los tristes no ganan elecciones, ni en plena crisis. A lo mejor, es por ello que Artur Mas ha tuneado el logo de CiU con una sonrisa heredera del popular smiley del diseñador gráfico Harvey Ball (quien creó el famoso rostro sonriente en 1963 por 45 dólares). Y José Montilla, que parece otra persona cuando sonrÃe, sabe bien que confundir lo serio con lo triste es un grave error si se pretende convencer o seducir.Â
Si el rostro es parte consustancial de la identidad personal, el pelo es fuente de preocupación constante en la polÃtica y en la vida pública, ya que configura elementos de personalidad y de arquetipos visuales, culturales y estéticos muy relevantes. Es el caso de la trenza de Yulia Timoshenko, que recuerda una espiga de trigo, simbolizando a las campesinas ucranianas.
La gestión del cambio capilar también forma parte de la comunicación moderna. Oriol Pujol, por ejemplo, se ha dejado una tupida barba, coincidiendo con su liderazgo en el grupo parlamentario de CiU, que integra sus estereotipadas y amplias patillas y le hace parecer más denso y profundo. Otros se afeitan, como el veterano diputado del PP Vicente MartÃnez Pujalte, quien acudió al Congreso, al inicio de esta legislatura, sin el bigote que ha lucido durante los últimos 30 años, como sÃmbolo de la nueva etapa de cambio abierta en su partido. Por no hablar de la alopecia de Duran Lleida o del juez Javier Gómez Bermúdez, que les ayuda a transmitir una sutil sensación de firmeza y confianza.
Es difÃcil asumir que el cabello, los ojos y pequeños y desconocidos músculos como el canino, el cigomático mayor y menor, el risorio, el cuadrado y la borla del mentón sean tan trascendentes en nuestra capacidad de expresión, convicción y empatÃa. Ellos son los responsables de mover los tejidos blandos de la cara y transmitir, junto con la mirada, nuestras emociones: del miedo al asombro, de la alegrÃa a la duda…Y, con ellas, tomamos la mayorÃa de nuestras decisiones. SÃ, definitivamente, pensamos lo que hemos visto y deducimos lo que hemos sentido. La percepción es la realidad, decÃa Einstein, y lo sabemos bien desde Aristóteles, que teorizó sobre la Ãntima relación entre conocimiento y percepción.
“La cara es el espejo del alma y los ojos son sus delatores” dijo hace 2.000 años Marco Tulio Cicerón. El pensamiento clásico se hizo sabidurÃa popular y conocimiento profundo. Lo sabe también la ciencia y la universidad, como la de Princeton, en EEUU, que ha estudiado cómo el rostro influye en el resultado de las elecciones presidenciales. Lo sabe el FBI, que aplica desde hace algunos años, por ejemplo, técnicas de relación entre rasgos fÃsicos y faciales y los comportamientos de las personas. Nunca una sabidurÃa popular, tan intuitiva, habÃa sido tan cientÃfica y tan polÃtica. Por sus rostros les conoceréis y… les votaréis.
Enlaces de interés:
- El lenguaje facial
- Presidente por su cara bonita (e-Campanya, Albert Medrán)
- El lenguaje de los gestos (manual práctico basado en las investigaciones de Flora Davis)
- Sistema de Codificación Facial de Acciones (Paul Ekman)
VÃdeos:
- Expresión facial de las emociones
Power points:
- Los tristes no ganan elecciones
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ArtÃculos:
La gente cordial alcanza antes la meta
Fuente: La Vanguardia (14.03.2010)