Publicado en el número 73 (agosto-octubre) de Razón y Palabra
Junto con David Casacuberta he publicado un artículo, denominado “e-Participación: de cómo las nuevas tecnologías están transformando la participación ciudadana” en la prestigiosa revista “Razón y palabra“.
¿Por qué nos aferramos a soluciones antiguas, que claramente son obsoletas?
Si los lapsus linguae individuales nos ofrecen indicaciones sobre las preocupaciones, deseos y obsesiones de una persona, cuando es una sociedad la que usa de forma peculiar un término, estamos abriendo una ventana a su inconsciente colectivo. Hay uno que llama mucho la atención y que me resulta especialmente significativo: el uso erróneo, pero cada vez más sistematizado del término paradigma. La prensa está obsesionada en establecer cómo la crisis económica actual está generando un nuevo “paradigma”. De la misma forma, el calientamiento global ha generado “un nuevo paradigma”. Con este término sin duda quieren decir que la situación ha cambiado, pero eso no es lo que significa el término “paradigma”. Cuando hablamos de un “paradigma” lo que queremos decir es, a grandes rasgos, un modelo teórico, una forma de comprender la realidad. Cuando se abandona el paradigma actual por uno nuevo ello significa que nuestra visión del mundo, nuestra forma de acercarnos a la realidad, ha cambiado. El ser humano es conservador en sus esfuerzos o, si prefieren, todos somos bastante perezosos, de manera que los cambios de paradigma no son algo común, y acostumbran a venir forzados por un cambio en la situación. De hecho, el origen del uso actual del término se debe al filósofo de la ciencia Thomas S. Kuhn que quería explicar cómo se daban revoluciones en ciencia, de qué forma, los científicos enfrentados a una desviación cada vez más radical de su modelo con el comportamiento de la realidad se veían finalmente obligados a tirar el paradigma original a la basura y buscar otro.
Nuestra sociedad actual ha decidido que un cambio de paradigma es un cambio de situación. No hace falta pues, pensar nuevos modelos para comprender la realidad. Se trata de seguir aplicando las mismas soluciones tecnocráticas de siempre, corridas un poquito en el espectro hacia la izquierda o hacia la derecha, pero sin grandes aspavientos.
Sin embargo, el cambio de situación es bien real. Y está pidiendo a gritos un nuevo paradigma. Uno clave es, sin duda, la participación democrática. Cada vez más personas hacen ejercicio de una abstención crítica en relación a la política, tanto a nivel local, como autonómico como nacional -por no hablar de los terribles datos de participación en las últimas elecciones europeas. Los analistas siguen hablando del “efecto playa” o de cómo votar por internet solucionaría mágicamente todos los problemas. Pero el problema va mucho más allá y necesita que nos repensemos de forma global la participación ciudadana. Continuar leyendo… »